2 ¿Por qué nos cuesta tanto estar a solas con nosotras mismas?

  

El arte de encontrarte en un cafecito con Dios.

¿Conoces esa sensación de inquietud interna? Estás esperando a alguien y, de repente, te vienen a la mente mil cosas que podrías estar haciendo para "aprovechar el tiempo". Porque claro, sientes que deberías ser productiva. O tal vez piensas en qué podrías publicar en Instagram; quizá hasta te grabas hablando con entusiasmo a la cámara... pero cuando vuelves a estar en silencio, esa sensación incómoda sigue ahí.

¿Conoces la inquietud interna?

A veces, mientras espero, siento un gran conflicto. Por un lado, mi mente me dice que debería responder mensajes o adelantar trabajo. Por otro lado, siento el deseo de "usar" el tiempo para no hacer nada (que risa). Para simplemente ser y observar: mis propios pensamientos, lo que sucede a mi alrededor o continuar ese diálogo con Dios. Es decir, rezar.

Pero en el trubel de la ciudad y el afán diario, nos da miedo no lograr todo lo que "teníamos" que hacer. A veces no soportamos ni un momento de aburrimiento y el dedo se va solo a Instagram para ver qué hay de nuevo. Se ha vuelto un automatismo, una huida.


El reto de estar a solas (y en silencio)

¿Por qué es tan difícil estar a solas en la quietud? Creo que debemos dividirlo en dos:

  1. Estar a solas: Es el hecho físico de no tener a nadie cerca. No siempre es incómodo si estamos ocupadas, pero para algunas personas representa una amenaza. ¿Por qué? Porque a veces, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.

  2. El silencio: Aquí es donde se pone difícil. Cuando al aislamiento físico le sumas el silencio, el ruido interno se vuelve ensordecedor.


La ciencia de tus distracciones 🧠

En nuestro cerebro existe lo que se llama la Red Neuronal por Defecto (Default Mode Network). Cuando no estamos enfocadas en una tarea, esta red se activa. Nuestros pensamientos empiezan a viajar al pasado o a imaginar el futuro. Este espacio de reflexión interna puede convertirse en el escenario de todos esos pensamientos feos sobre nosotras mismas. Y como les creemos, nos dejamos arrastrar.


Un experimento para tu cafecito ☕️

Te invito a un reto. Mañana, tómate entre 10 y 30 minutos. Mis sugerencias:

  • sal a caminar en silencio

  • entra en oración (en tu cuarto o en una iglesia si posible)

  • si te gusta el café tanto como a mí, úsalo como una oportunidad para entrar en ese diálogo interno

    Simplemente, escucha.

Probablemente será incómodo. ¿Sabes por qué? Porque en el silencio es donde las preguntas existenciales encuentran espacio: “¿Quién soy yo realmente?” o “¿Cuál es el sentido de mi vida?”. El afán de la agenda pasará, pero las preguntas permanecerán. No tengas miedo de hacértelas.


Un espacio para encontrar tu identidad

El silencio incomoda porque ahí no estamos haciendo nada por lo que otros nos puedan aplaudir (¡aunque yo te aplaudo por el simple hecho de estar ahí!). En la quietud nos damos cuenta de lo vulnerables y pequeñas que somos.

Todos estamos buscando nuestra identidad. Tal vez nunca lo has dicho así, pero quieres ser alguien. El problema es que buscamos esa esencia en los lugares equivocados: en la aprobación de los demás, en la ropa o en los éxitos profesionales. Creemos que la identidad viene de fuera hacia adentro.

Todos estamos buscando nuestra identidad

Pero la verdad es que tenemos que ir hacia adentro. Nuestra identidad solo se encuentra allí, porque en lo más profundo de nuestro interior es donde podemos encontrarnos con Alguien. Alguien que no nos juzga por lo que hacemos, sino que nos ama por lo que somos: Sus hijas.

Si sientes que te cuesta trabajo poner esto en práctica o si el silencio te abruma, no tienes que hacerlo sola. Escríbeme y caminemos juntas. Estoy aquí para acompañarte en este proceso de redescubrimiento.

Además, he preparado algo especial para ti. Aquí puedes acceder a mi lista de recursos de febrero, donde encontrarás herramientas, lecturas y música seleccionada para nutrir tu paz interior durante este mes.


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