4 Tu historia no está escrita en piedra.
Muchas personas sienten que su infancia define su vida, pero la verdad es que tu historia no está escrita en piedra.
¿Cómo fue tu infancia?
¿Bonita?
¿Difícil?
¿Más o menos normal?
¿O tal vez ni siquiera sabes bien cómo describirla?
Existen tantas infancias como personas. Cada historia es única.
Durante un tiempo, yo sentía que mi infancia no había sido bonita. Los recuerdos dolorosos eran los que más presentes tenía, y dentro de mí llevaba heridas que no sabía muy bien cómo manejar.
Hubo momentos en mi vida en los que todo estaba tan ocupado que esas heridas parecían desaparecer. Pero luego aparecían ciertos “triggers” o detonantes emocionales que me mostraban algo importante:
Todavía había cosas dentro de mí que necesitaban sanidad.
Con el tiempo aprendí algo que hoy veo de otra manera: esos momentos difíciles no son solo dolor - son una invitación.
¿Invitación a qué?
A encuentro.
Y en ese encuentro puede empezar la sanidad.
Porque hay una verdad que he ido descubriendo poco a poco:
“Tu historia no está escrita en piedra.”
Una conversación que cambió mi perspectiva
Un día empecé a contarle a mi novio sobre mi infancia y algunas experiencias de rechazo que había vivido.
Después de escucharme, me dijo algo que me dejó completamente desconcertada:
“Wow… tú fuiste muy privilegiada.”
Yo me quedé en silencio.
¿Privilegiada?
¿No acababa de contarle cómo me habían rechazado, cómo se habían burlado de mí y cómo esas cosas me habían dolido profundamente?
Pero lo que aprendí en ese momento fue algo muy importante:
Las historias pueden mirarse desde diferentes perspectivas.
Eso no significa:
que el dolor no haya sido real
que la herida esté justificada
o que ya no tengas derecho a sentir tristeza
Pero sí significa que la historia no termina en la herida.
Cuando Dios entra en medio de nuestras heridas, pueden ocurrir cosas que nunca imaginamos.
Lo que dice la psicología sobre la infancia
Como psicóloga, quiero compartir también una perspectiva interesante de la logoterapia, una corriente psicológica desarrollada por Viktor Frankl.
Esta corriente habla mucho sobre el sentido de la vida y también sobre cómo las personas interpretan su pasado.
Algo muy llamativo es lo siguiente:
Hay personas que sufren toda su vida por su infancia.
Pero también hay personas que vivieron infancias difíciles y aun así llegan a vivir vidas:
libres
generosas
llenas de esperanza
Entonces surge una pregunta muy importante:
¿Cuál es la diferencia si ambas personas tuvieron una infancia difícil?
En la logoterapia se propone una respuesta profunda:
El punto clave no está solamente en los acontecimientos, sino en la actitud que tomamos frente a ellos.
Viktor Frankl lo expresó así:
“Nuestra mayor libertad es la libertad de elegir nuestra actitud.”
Ni ignorar la infancia… ni dejar que defina tu identidad
Hay algo importante que vale la pena decir aquí. A veces cometemos dos errores opuestos:
1. Darle demasiado poder a la infancia
Todo en nuestra vida parece depender de lo que pasó cuando éramos niños.
2. Ignorar completamente la infancia
Intentamos seguir adelante sin reconocer las heridas. Pero muchas veces la verdad está en el punto medio.
La infancia importa.
Las heridas importan.
Pero no tienen la última palabra sobre tu identidad. Lo que realmente marca la diferencia es la perspectiva desde la cual miras hoy tu historia.
El momento en el que entendí algo profundo
Volviendo a mi propia historia.
Yo estaba cargando con recuerdos de rechazo del pasado, y alguien me dice:
“Wow, tú fuiste muy privilegiada.”
Mi novio no estaba negando mi dolor. Lo que quería decir era algo diferente.
Me explicó que desde muy pequeña yo había recibido algo muy valioso: la fe.
Había crecido con la posibilidad de conocer a Dios.
Y eso cambió algo importante en mi proceso de sanidad.
Con el tiempo aprendí tres cosas muy profundas:
1. Aprendí a tener compasión conmigo misma
Cuando reconocí que ciertas cosas que habían pasado no estaban bien, pude empezar a mirarme con más ternura.
También empecé a comprender algo muy consolador:
Dios no estaba lejos de ese dolor.
Él estaba conmigo.
2. Descubrí que Dios estaba presente en medio de la herida
Un día empecé a orar con una persona muy importante en mi vida, pidiendo sanidad para algunas heridas.
Durante una de esas oraciones hice algo que nunca había hecho antes.
Le entregué a Jesús un recuerdo que me había dolido profundamente.
Fue muy difícil. Abrir el corazón duele. Pero entonces pasó algo muy hermoso.
En mi interior pude ver algo muy claro: Jesús estaba ahí conmigo en ese momento del pasado.
Lo veía cerca.
Sufriendo conmigo.
Protegiéndome.
Sosteniéndome en sus brazos.
3. Descubrí que mi dignidad nunca pudo ser quitada
En ese momento entendí algo que cambió profundamente mi identidad.
Mi dignidad nunca había sido robada.
Nunca había sido destruida.
Porque mi identidad no depende de lo que otros hicieron o dijeron.
Mi identidad viene de Dios.
Él me creó.
Él me conoce.
Y Él dice que soy su hija amada.
Un pequeño paso que puedes intentar hoy
Tal vez tú también tienes recuerdos de tu infancia que todavía duelen. No necesitas resolver todo hoy. Pero quizá puedes dar un pequeño paso. La próxima vez que ores, intenta algo sencillo.
Habla con Dios sobre algo que te haya dolido. Entrégaselo.
Luego quédate en silencio un momento.
Escucha.
Recibe.
Tal vez no pase nada espectacular. Y eso está bien.
Pero ese pequeño paso puede ser el comienzo de un camino de sanidad.
Un paso hacia DIOS que sana todo.
Hacia el Amor ♥️.
Si quieres profundizar más en temas como:
te invito a seguir explorando otros artículos en este blog.
Cada historia es distinta, pero todos estamos en el mismo camino: aprender a vivir desde el amor y no desde las heridas.
Dios quiere sanar todo.